Con la conmemoración de los 49 años de los Tratados Torrijos-Carter, quisiera destacar la historia de Coco Solo, siendo un claro ejemplo de cómo el estado puede marginar a toda una comunidad por décadas, y sólo hacer algo al respecto para priorizar sus propios intereses económicos. Lo que solía ser una base submarina y estación aeronaval estadounidense en la entrada atlántica del Canal pasó a manos de Panamá tras los tratados, pero el gobierno dejó que la infraestructura decayera o la privatizó para impulsar el auge portuario de lo que hoy es la Terminal de Manzanillo.
En 1990, Colón enfrentaba una crisis de vivienda letal; cientos de familias se quedaron sin hogar por incendios y colapso de edificios viejos en el centro. El Ministerio de Vivienda reubicó a unas 300 familias en 16 barracones abandonados de Coco Solo bajo la promesa de que sería una solución temporal de tres meses mientras les conseguían hogares definitivos. Esos tres meses se convirtieron eventualmente en una trampa generacional de 20 años dentro de edificios que carecían integridad estructural básica.
Las condiciones eran inhumanas, sin agua potable ni sistema de alcantarillado y apenas contando con electricidad, rodeados por el abandono estatal mientras a pocos metros crecía la opulencia del puerto, dónde se movían millones de dólares diarios. El estado de los barracones se detereoraba tras los años junto con la calidad de vida de los residentes. Ante los años de falsas promesas gubernamentales sin cumplimiento, la comunidad recurrió a varios cierres de calle entre 2001 y 2013, por más de 13 años. Constantemente cerraban las vías de acceso a los puertos en un intento de paralizar la economía de los mismos como grito desesperado, llegando inclusive a mantener la avenida bloqueada durante 36 horas consecutivas. Estos cierres no fueron demandas espontáneas sino esfuerzos para obligar al estado a respetar un contrato vigente desde hacía décadas, que había ignorado a favor de las ganancias de las empresas portuarias multinacionales.
Sin embargo, después de años de promesas incumplidas, condiciones de vivienda inhumanas y enfrentamientos violentos entre los residentes y la policía por los cierres, el gobierno panameño finalmente vendió el terreno ocupado por la comunidad de Coco Solo a los operadores portuarios de la zona en 2008, y los mismos pagaron 7,6 millones de dólares para la construcción de 300 casas. Con esto, finalmente se concretó la reubicación de las familias del área a un proyecto de casas en Buena Vista, pero no fue hasta 2013 que empezaron a reubicar las primeras familias a los nuevos hogares, y esto también llevó sus desafíos.
A pesar de que el operador portuario fue quien pagó por la construcción de las viviendas, a los residentes aún se les pedía que pagaran por sus nuevos hogares, bajo la excusa de que únicamente estarían pagando por las tierras, a pesar de que la situación económica de quienes vivían allí no les permitía afrontar ese costo. Los hogares, además, estaban mal construidos y hechos con materiales baratos. Para ese momento, cerca de la mitad de los residentes aún vivía en Coco Solo, pues solo se habían construido 77 de las 300 casas previstas.
Finalmente, culminando la reubicación de las últimas familias a principios de 2016, demolieron los barracones por completo en junio del mismo año. Pero al final esto no fue por empatía ni justicia social. El desalojo ocurrió por puro interés comercial... El Estado y las empresas necesitaban limpiar a los residentes del amplio terreno, que valía millones de dólares, para permitir la expansión de los puertos. Al final, alrededor de 300 familias fueron borradas de ese espacio estratégico no para mejorar sus vidas, sino para despejar el camino del capital global. Inclusive muchos residentes creían que durante el limbo de su reubicación, el gobierno los mantenían en esas condiciones inhumanas para que forzosamente se fueran del lugar, en lugar de reubicarlos debidamente.
Esta historia es fascinante y tétrica para mí porque, a pesar de que vivían en un punto estratégico de comercio global, eso no les dio el poder de obtener sus demandas. Sin importar qué tanto lucharan por sus derechos año tras año, al final solo se les otorgó por simple interés comercial. Lo que fue la comunidad de Coco Solo ya no existe y las edificaciones fueron derrumbadas hace años, pero es importante recordar esta historia moderna del país.
Un mini-documental sobre el lugar que recomiendo: Panamá's Coco Solo: A Short Documentary